Participo en la delegación de la Comisión de Asuntos Económicos y Monetarios (ECON) del Parlamento Europeo en las Reuniones Anuales del Fondo Monetario Internacional y del Grupo Banco Mundial, que se celebran en Bangkok. Participamos del 14 al 16 de octubre en unas reuniones que congregan a ministros de Finanzas, gobernadores de bancos centrales y representantes de los 191 países miembros, y que vuelven a Bangkok por primera vez desde 1991.
No es una cita más. Llegamos en un momento especialmente convulso:
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La crisis en el estrecho de Ormuz ha vuelto a poner de manifiesto nuestras vulnerabilidades energéticas, y la subida de los precios de la energía sigue mermando el poder adquisitivo de salarios y pensiones.
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El comercio internacional está cada vez más erosionado. Los aranceles se han convertido en herramientas de presión política, y Europa, que vive en buena medida de sus exportaciones, lo sufre especialmente.
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La guerra en Ucrania sigue condicionando nuestra seguridad y nuestra economía.
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La deuda pública acumulada en medio mundo, también en Europa, frena el crecimiento y limita la capacidad de invertir en innovación y en las oportunidades de las próximas generaciones.
Por eso centramos nuestro trabajo en estabilizar los mercados internacionales y en defender una gobernanza económica que refuerce la competitividad europea.
Al mismo tiempo, el dinero está cambiando. La digitalización de los pagos, la tokenización de activos y el auge de las stablecoins están redefiniendo los mercados financieros. Como ponente del euro digital, tengo claro que Europa no puede limitarse a observar esta transformación: tiene que liderarla y proteger su soberanía monetaria.
Europa tiene que estar en la mesa donde se toman estas decisiones, y defender allí sus intereses, que son también los de España.
Más información en mi publicación en Instagram y en la publicación del Parlamento Europeo en X.


